Archivo

Thursday, July 16, 2015

La primera en la frente





La primera en la frente

Todo había terminado, estaba hastiada de la vida, y sobre todo ya no creía en el amor, la compasión o decencia humana. El amor era una mentira, y juraba que nunca más, y como no creía en su existencia, jamás arriesgaría otra vez su corazón y se volvería a enamorar. Sobre todo estaba muy segura de lo que quería; si alguna vez considerara una nueva relación, el listón iba a estar muy alto, ya que no cometería jamás los mismos errores.
Nunca se le ocurriría estar otra vez con un hijo único, mimado y egoísta; solo consideraría a alguien que pensara como ella, un conservador políticamente hablando, que fuera católico, a alguien con un doctorado como mínimo en su nivel de educación, un médico o un abogado con mucho dinero sería lo ideal. Amante de la música clásica y la opera, que no roncara, y que fuera un tío macho musculoso lleno de testosterona y no un lloricas.
Entonces conoció a Ronald, y supo lo que era la decencia, la compasión y el altruismo. Bastante mayor que ella, con barriga cervecera, Ronny no tenía donde caerse muerto, no terminó sus estudios en la universidad, era protestante, hijo único y un maldito liberal. Renegaba de la opera y la música clásica; daba verdaderos conciertos con sus ronquidos, solo escuchaba música popular, y para colmo era un romántico empedernido, de los de cenas a la luz de las velas, y de lágrima fácil con «chick flicks».
No podía ser más antagónico a ella y todo lo que se había puesto como meta, si se le ocurría volver a salir con alguien; y a pesar de eso, nunca se había enamorado más profundamente de nadie. Entonces comprendió el verdadero significado de «nunca jamás», del «de este agua no beberé» y de «la primera en la frente», porque solo tienes que renegar de algo para que el universo entero conjure en tu contra, y te pruebe que estás equivocado.


© C. R. Worth

Sunday, July 5, 2015

Galatea




Galatea

Recuerdo cuando por primera vez sus manos me rozaron, estaba en su estudio, y suavemente fue palpando todos mis contornos. Cerraba sus ojos y con esa dócil caricia podía vislumbrar mi verdadero yo, mi alma escondida.
Tenía en su mente la mujer que quería que fuera, y que sin él saberlo era como yo siempre había sido, escondida en los múltiples niveles de ropajes que me envolvían.
Era apasionado, y primero comenzó a desnudarme con fuerza viril, con arrebato, arrancando a grandes trozos mis vestiduras, hasta que poco a poco se entreveían mis formas, mis curvas sensuales que él tanto deseaba acariciar en mi total desnudez.
Mis ojos estaban velados, y todavía no podía ver con claridad, pero la tensión de sus músculos desnudos, brillando con la capa de sudor, me hacía desearlo más. Su respiración era entrecortada por el esfuerzo y podía sentir su aliento jadeante cerca de mí, excitado por la anticipación de verme desnuda.
Ya quedaba menos para alcanzar su objetivo, y fue cuando se volvió más delicado, despojándome poco a poco de cada veladura. Antes de dedicarse de pleno a mi cuerpo, quiso ver mi rostro sin tapujos, y con ternura removió aquello que ocultaba mis facciones; y luego con dulzura aplicó el «exfoliador» con arena de mar para que mi fisonomía alcanzara todo su esplendor de brillo marmóreo. Por fin pude verlo, y sus hermosos ojos azules se clavaron en mis pupilas. Fue un momento eterno en el que mirándonos a los ojos nos dijimos todo lo que un hombre y una mujer desde el principio del mundo han sentido y deseado el uno del otro, con un amor que va más allá del tiempo y las convicciones.
Luego trabajó mi cuerpo como un amante febril, puliendo con sus manos cada uno de mis contornos y recovecos; mis pechos se erizaron, mis glúteos firmes ansiaban sus manos, y mi pubis guardaba una promesa.
Había terminado, y admiró su obra satisfecho. Entonces fue cuando deseé salir del mármol y amarlo como mujer. 


© C. R. Worth

Saturday, July 4, 2015

El oportunista






El oportunista

Estaba pasada la media noche, y deambulaba al acecho entre las sombras de «la ciudad vieja». Llevaba más de tres días sin echarse nada a la boca, y el hambre y la sed lo impulsaban a la desesperación. Ya no le importaba qué y se volvía descuidado.
Un golpe de suerte, un hombre mayor cruzó la calle tranqueando con una visible cojera. Era su oportunidad, no se escaparía y por fin cenaría ese día. Comenzó a seguirlo con cautela hasta hallar el lugar oportuno para abalanzarse sobre su víctima. El momento llegó cuando lo vio dirigirse hacia el parque; era un atajo para cruzar la ciudad, aunque en la noche no muchos optaban por esa opción, ya que estaba mal iluminado. Debía de ser un hombre valiente.
Veloz y sigiloso como un felino se abalanzó sobre él. El hombre a pesar de no esperárselo reaccionó bien, y se defendió con bravura, hasta que pudo ver mejor a su adversario; los ojos sangrientos y los enormes colmillos brillaban a la luz de la luna. Sus ojos se abrieron como platos y su corazón palpitaba desbocado. Su cerebro pensaba a una velocidad vertiginosa, ¿qué hacer para deshacerse de su atacante?, entonces echó mano al pecho y de debajo de su camiseta sacó una cruz. El vampiro al verla saltó hacia atrás horrorizado, escondiéndose de nuevo en las sombras.
Jadeando se sentó en el suelo, su corazón seguía latiendo encabritado, cuando de repente se echó mano al pecho y se retorció de dolor ante el infarto. En ese momento el vampiro, observando el momento de debilidad, saltó sobre él y aprovechó la oportunidad para hincarle los colmillos en el cuello. Qué rica le supo la cena.


© C. R. Worth

Thursday, July 2, 2015

El acompañante





El acompañante

Suena el despertador, y como cada mañana, ella comienza con su torbellino diario; y mientras se ducha, desayuna, hace la cama, se viste… me ignora. Solo nota mi presencia en la casa cuando está a punto de salir, entonces me habla y me dice «casi me olvido de ti», me agarra, y de un tirón me saca por la puerta.
Las cosas no son como antes, cuando era nuevo en su vida; entonces me trataba con más respeto, me mimaba, y me mostraba con orgullo a todas sus amigas. Siempre estaba preocupada de que algo me fuera a pasar, o que ojos codiciosos se fijaran en mí y me robaran para siempre de su lado. Hoy en día, las cosas han cambiado mucho… para ella soy su acompañante diario, indispensable para su rutina de cada día, y confía en mi capacidad, mi fortaleza, en que no voy a sucumbir con todo lo que ella pone en mi. Es irónico, ya que es María la que a veces tiene ataques de nervios, y encima se enfada cuando me acusa de yo tener en mi posesión algo que ella ha perdido, y con impunidad hasta rebusca en mis bolsillos como si le ocultara algo.
Pero a pesar de eso la amo, y ella no sabe los celos que me causa cuando está invitada a una fiesta y prefiere ir con el «otro», ¡tan brillante, con tanto estilo! Oh… él tiene más clase, todas lo admiran, pero es pequeñajo, y ¡estoy seguro que todo lo tiene diminuto! Me rebelo ante esa injusticia y lo díscola que es, pero al fin y al cabo María siempre vuelve a mí.
He de ser sincero, no puedo evitar mi preocupación constante, me hago viejo.  Ya no soy lo que era, y por qué no decirlo, soy de otra época y hasta pasado de moda. Sé que a ella le gustan los cambios, lo novedoso, y que tarde o temprano me sustituirá por otro… al fin y al cabo nos pasa a todos, es lo que tiene ser un bolso.


© C. R. Worth

Thursday, September 8, 2011

Ofelia Nieto

Ofelia Nieto en la Glorieta de Julián Besteiro

Cerca de mi casa en un parque maltrecho y abandonado que linda con la calle Juan Antonio Cavestany, en la Glorieta Julián Besteiro, se encuentra un solitario busto que reza “Ofelia Nieto”, sin fechas, ni dedicatoria, y ya con ciertos síntomas de vandalismo.  Dada mi naturaleza curiosa, lo primero que me pregunté era la identidad de esta señora, ya que es el único monumento existente en dicho parque y zona de Sevilla. Lo primero que me vino a la mente es que sería alguien de la cuerda ideológica de la Junta y Ayuntamiento Sevillano, y que la conocerían en su casa a la hora de comer… Me puse a investigar, y cual mi sorpresa que en los primeros escarceos investigativos, encuentro a una tal Ofelia Nieto, cantante lírica de principios del siglo XX, y cuya única relación con Sevilla es que se casó con un procurador sevillano…


Paseando por el Parque de María Luisa observé que había una glorieta también dedicada a dicha cantante, y ya me dedique a buscar más información sobre este personaje con dos monumentos en Sevilla.


Ofelia Nieto, Algete 1898 - Madrid 1931 (1), fue una de las grandes voces líricas españolas, esta soprano, de meteórica carrera, ya que estuvo activa de 1914 a 1928, cosechó éxitos en el mundo entero, cantando en los mejores teatros de ópera, como la Scala de Milan, el Teatro Real de Madrid o distintas plazas americanas con las mejores voces del momento.  Estrenó las zarzuelas Maruxa en su debut en 1914, La Llama en 1915,  El Rayo de Luna en 1916, las óperas El Avapiés en 1918, y Amaya en 1920, y ese mismo año la transformación en Opera de la zarzuela Bohemios, El Caminante en 1921, y  La leyenda del beso en 1924, así como interpretó numerosas zarzuelas y óperas y recitales, muchos de estos últimos con su hermana la también cantante lírica Angeles Otein (Nieto escrito al revés). 


Desde que se inauguró el Teatro San Fernando en 1847, Sevilla fue una de las plazas operísticas mas importante del mundo, y según el estudioso del tema J. Antonio Bertomeu, “Sevilla se convierte en la segunda capital de la ópera europea, tras la hegemónica Londres”.  Esta plaza tan importante se convirtió en uno de los lugares favoritos de Ofelia para cantar, cantando en el teatro sevillano todos los años hasta que se retiró. Gran amiga de la Condesa de Lebrija, puso su voz para todos los conciertos benéficos que organizaba la citada noble, siendo a la vez benefactora junto a la condesa del Sanatorio de El Tomillar en Dos Hermanas que inauguró en 1920 la Reina Victoria Eugenia.


En 1928 se casó en Burgos con el procurador sevillano Felipe Cubas Albernis (2), ella tenía 29 y el 50, retirándose de su carrera artística tras la boda. Tuvieron una hija, que no sobrevivió falleciendo un mes después, y Ofelia nos dejó prematuramente en 1931.
 Glorieta de Ofelia Nieto en el Parque de María Luisa


Siendo un personaje tan conocido en la época, que destacó por su talento artístico y especialmente por sus obras de caridad entre los más desfavorecidos de Sevilla, el ayuntamiento de Sevilla apenas 20 dias después de su fallecimiento, se acordó por el pleno municipal erigir en su memoria una glorieta en el Parque de Maria Luisa, inaugurándose en Junio de 1935. Este monumento, proyectado por el arquitecto Juan Talavera Heredia, presenta una hornacina con un azulejo pintado por Juan Miguel Sánchez y realizado en la Fábrica Cerámica de Nuestra Señora de la O de Triana, en el que se representa a Ofelia en el centro ataviada como el personaje Elvira de la Ópera de Verdi Ernani, y a su lado unas representaciones alegóricas de la música y el canto.  Como dato anecdótico mencionar que Ofelia porta una rosa, y hay una leyenda sevillana asociada con esta rosa ya que toda doncella que la toque, se casa en menos de un año.

En la glorieta también se ven distintos azulejos con nombres de compositores, zarzuelas y óperas que interpretó la cantante en su vida.

El otro monumento, el destartalado busto, es un regalo de la Xunta de Galicia a la ciudad de Sevilla por el centenario del nacimiento de la artista, y se inauguró el 12 de Octubre del año 2000, siendo obra de Enrique Velasco.  También es de mencionar, que la sobrina de la artista, Marimi del Pozo, ofreció a la sección de Parques y Jardines del ayuntamiento sevillano, la lápida de la artista para ponerla en dicho monumento, ya que por obras en el cementerio de la Almudena donde está enterrada la soprano, la citada lápida, obra de Blanes, llegó a su poder, estando en el jardín de su casa. Este ofrecimiento que hizo en el 2010 a la delegada Eva Patricia Bueno, todavía no ha recibido una respuesta… una pena porque con la colocación de la lápida, y adecentamiento de la zona se podría reivindicar la buena memoria histórica de Sevilla con uno de esos sevillanos adoptivos que tanto hicieron por la ciudad.
 



(1) En muchas biografías aparece como natural de Santiago de Compostela, pero en este enlace  pueden ver una transcripción de la partida de nacimiento en Algete. De todas formas, Ofelia, de familia gallega, se sentía más gallega que madrileña. http://acebo.pntic.mec.es/~malcoben/Ofelia.htm



(2) Felipe Cubas donó a la Hermandad del Valle la Peana de plata sobre la que hace estación de penitencia la Virgen, por expreso deseo de su esposa y que no pudo ver realizado en vida.